¡Que importantes son!
Es posible que sea debido a la edad, que me hace parar en detalles que antes me pasaban desapercibidos; es posible también, que se deba a experiencias cercanas, en el tiempo y en el alma, en el sentimiento... realmente no se por qué es.
Últimamente me estoy fijando mucho en nuestros mayores, esos abuelos que cada vez están más obligados a compartir la infancia de sus nietos de una forma "antinatural" y forzada.
La situación social y económica del mundo que vivimos obliga a que, en muchos casos, tengan que hacerse cargo de ellos porque sus padres, los que son afortunados, están trabajando.
Es una verdadera pena que tenga que ser una obligación lo que toda la vida fue una ilusión. Ir a visitar a los abuelos y pasar un rato con ellos, era algo que todos los niños disfrutaban y esperaban durante la semana, algo divertido y que no nos podíamos perder. En mi infancia, si nos castigaban, nos dejaban sin ir a casa de los abuelos el fin de semana.
Es una verdadera pena que tenga que ser una obligación lo que toda la vida fue una ilusión. Ir a visitar a los abuelos y pasar un rato con ellos, era algo que todos los niños disfrutaban y esperaban durante la semana, algo divertido y que no nos podíamos perder. En mi infancia, si nos castigaban, nos dejaban sin ir a casa de los abuelos el fin de semana.
Hoy en día, les veo, con sus muchos años y sus muchos achaques, madrugar para ir a buscar a sus nietos y llevarles al colegio; ir a recogerlos, darles la comida, acompañarlos de nuevo a las muchas actividades extraescolares que hoy tienen nuestros pequeños, devolverles a sus casas a última hora del día cuando sus padres han vuelto del trabajo (que afortunados).
Les veo en los parques, en las puertas de los colegios, paseando por la calle, compartiendo sus experiencias con unas "pequeñas personas" que, dejando de lado el vínculo familiar, no tienen absolutamente nada que ver con ellos. Su infancia no tuvo nada, pero nada que ver con la infancia de los niños de hoy en día, de esos nietos que se les encarga atender.
Ellos vivieron la guerra, la posguerra, en muchos casos el hambre, la época de la dictadura, disciplina estricta... todo tan distinto...
Ellos vivieron la guerra, la posguerra, en muchos casos el hambre, la época de la dictadura, disciplina estricta... todo tan distinto...
Hoy en día, nuestra sociedad vive contrarreloj, prisas, madrugones, estrés, todo corre a una velocidad tan vertiginosa que nos va deshumanizando día a día. Somos capaces de pasar al lado de una persona caída en el suelo y no reparar en ella; ya no digo parar a ver si necesita ayuda no, es que, en ocasiones, ni nos damos cuenta de su presencia.
Vemos en los restaurantes y las cafeterías como los niños están sentados con sus padres, pero realmente no están compartiendo nada con ellos. Los mayores hablan de sus cosas de mayores y los niños casi ni hablan, están con sus "máquinas diabólicas" mirando horas y horas a la pantalla sin darse cuenta si quisiera de la presencia de sus padres.
¿A qué nos lleva todo esto?
Tenemos que darnos cuenta del gran valor que tiene la tarea que desempeñan los abuelos. En cantidad de casos, son los mayores educadores de nuestros hijos. Pero surge un problema ...
¿Están preparados los abuelos para enseñar a esas criaturas lo necesario para enfrentarse a un mundo que ellos mismos no comprenden? ¿Qué tiene que ver la infancia que vivieron esos abuelos con la de sus nietos? ¿Qué pueden aprender de esos ancianos tan "desfasados", "fuera de onda", "arcaicos"...?
Pues la verdad es que pueden aprender un montón de cosas que nuestra sociedad actual no les va a enseñar nunca, entre otras cosas, porque no tiene tiempo.
Para empezar, les van a enseñar una forma de cariño distinta a la que reciben de sus padres, menos rígida, quizá más dulce, más tierna. La relación de los abuelos con los nietos (al menos en mi caso), siempre tenía un toque de complicidad, de colegas con secretos compartidos que nunca se contaban a los padres, compartiendo cosas (pequeñas aventuras) que no se podían comparar a lo vivido con nadie más.
En segundo lugar, y quizá en muchas ocasiones sea por falta de tiempo de sus padres, los abuelos les van a enseñar y educar con unos valores que nuestra sociedad, de otro modo, tendría al borde de la desaparición. Hablo de respeto, de tolerancia, de comprensión al prójimo, de ternura, de cariño, de formas de conducta...
Hoy en día, todo es correr, trepar pisando al vecino o al compañero de trabajo, prisas, prisas y más prisas... nadie sabe en realidad para que, pero es la realidad.
En este punto, son los abuelos los que ponen en nuestros hijos ese toque de humanidad, de pararse y ver las cosas desde otro punto de vista, con algo que casi hay que mirar en el diccionario su significado, con sentimientos, mirando a las personas y no a los fríos datos numéricos ni estadísticos.
Toda esta información y educación añadida que los niños reciben de sus abuelos, siempre fue el complemento ideal para que de mayores sean personas equilibradas, personas que sepan valorar a los demás por lo que son y no por el puesto que tienen en la sociedad, personas que sepan mirar a los ojos y ver los sentimientos del otro... en resumen, personas con letras mayúsculas, de las de verdad, de las de peso, de las que un apretón de manos significa el más serio de los contratos (sin falta de ningún papel).
Y yo me pregunto: ¿Quién mira las necesidades de esos abuelos?
Los hijos dan por hecho que sus padres son felices ayudando con las necesidades de los nietos, sin importar el sacrificio que eso les suponga...
¿Y que pasa cuando ese abuelo, debido a la edad o a la salud ya delicada, no puede atender a sus nietos? Llegamos al quiz de la cuestión.
Pues que, tristemente, en muchos más casos de los que pensamos, el "inservible" abuelo queda apartado en una residencia (los afortunados) o en casa para que la familia no pierda ningún ingreso de su pensión.
Sus hijos no tienen tiempo a cuidar de ellos porque tienen que trabajar y trabajar como la sociedad demanda. Los niños pasan a la guardería o a ser cuidados por una asistenta o niñera ya que ellos tienen que seguir trabajando. Y para los abuelos ¿quién mira para los abuelos?
Y yo me digo a mi mismo... si ahora pueden pagar la guardería o la cuidadora en casa, ¿por qué hubo que sacrificar a los abuelos hasta el momento en que "ya no eran útiles"?
¡¡¡POR FAVOR!!! Un poco más de respeto, de humanidad, de cariño, de comprensión, de sentimiento, en definitiva.... ¡DE AMOR A NUESTROS MAYORES!.
Para finalizar, acabo con una pequeña, muy pequeña reflexión, "La sociedad que no respeta a sus mayores, no merece llamarse sociedad" . ¿Acaso hacemos como las manadas de animales en la sabana africana, en la que los animales más ancianos, van quedando atrás, apartados del resto, y muriendo casi en soledad?
Ahí lo dejo. Que nadie mire hacia otro lado. Todos tenemos que mirar hacia nuestro interior.
¿Están preparados los abuelos para enseñar a esas criaturas lo necesario para enfrentarse a un mundo que ellos mismos no comprenden? ¿Qué tiene que ver la infancia que vivieron esos abuelos con la de sus nietos? ¿Qué pueden aprender de esos ancianos tan "desfasados", "fuera de onda", "arcaicos"...?
Pues la verdad es que pueden aprender un montón de cosas que nuestra sociedad actual no les va a enseñar nunca, entre otras cosas, porque no tiene tiempo.
Para empezar, les van a enseñar una forma de cariño distinta a la que reciben de sus padres, menos rígida, quizá más dulce, más tierna. La relación de los abuelos con los nietos (al menos en mi caso), siempre tenía un toque de complicidad, de colegas con secretos compartidos que nunca se contaban a los padres, compartiendo cosas (pequeñas aventuras) que no se podían comparar a lo vivido con nadie más.
En segundo lugar, y quizá en muchas ocasiones sea por falta de tiempo de sus padres, los abuelos les van a enseñar y educar con unos valores que nuestra sociedad, de otro modo, tendría al borde de la desaparición. Hablo de respeto, de tolerancia, de comprensión al prójimo, de ternura, de cariño, de formas de conducta...
Hoy en día, todo es correr, trepar pisando al vecino o al compañero de trabajo, prisas, prisas y más prisas... nadie sabe en realidad para que, pero es la realidad.
En este punto, son los abuelos los que ponen en nuestros hijos ese toque de humanidad, de pararse y ver las cosas desde otro punto de vista, con algo que casi hay que mirar en el diccionario su significado, con sentimientos, mirando a las personas y no a los fríos datos numéricos ni estadísticos.
Toda esta información y educación añadida que los niños reciben de sus abuelos, siempre fue el complemento ideal para que de mayores sean personas equilibradas, personas que sepan valorar a los demás por lo que son y no por el puesto que tienen en la sociedad, personas que sepan mirar a los ojos y ver los sentimientos del otro... en resumen, personas con letras mayúsculas, de las de verdad, de las de peso, de las que un apretón de manos significa el más serio de los contratos (sin falta de ningún papel).
Y yo me pregunto: ¿Quién mira las necesidades de esos abuelos?
Los hijos dan por hecho que sus padres son felices ayudando con las necesidades de los nietos, sin importar el sacrificio que eso les suponga...
¿Y que pasa cuando ese abuelo, debido a la edad o a la salud ya delicada, no puede atender a sus nietos? Llegamos al quiz de la cuestión.
Pues que, tristemente, en muchos más casos de los que pensamos, el "inservible" abuelo queda apartado en una residencia (los afortunados) o en casa para que la familia no pierda ningún ingreso de su pensión.
Sus hijos no tienen tiempo a cuidar de ellos porque tienen que trabajar y trabajar como la sociedad demanda. Los niños pasan a la guardería o a ser cuidados por una asistenta o niñera ya que ellos tienen que seguir trabajando. Y para los abuelos ¿quién mira para los abuelos?
Y yo me digo a mi mismo... si ahora pueden pagar la guardería o la cuidadora en casa, ¿por qué hubo que sacrificar a los abuelos hasta el momento en que "ya no eran útiles"?
¡¡¡POR FAVOR!!! Un poco más de respeto, de humanidad, de cariño, de comprensión, de sentimiento, en definitiva.... ¡DE AMOR A NUESTROS MAYORES!.
Para finalizar, acabo con una pequeña, muy pequeña reflexión, "La sociedad que no respeta a sus mayores, no merece llamarse sociedad" . ¿Acaso hacemos como las manadas de animales en la sabana africana, en la que los animales más ancianos, van quedando atrás, apartados del resto, y muriendo casi en soledad?
Ahí lo dejo. Que nadie mire hacia otro lado. Todos tenemos que mirar hacia nuestro interior.

